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Emprender implica tomar decisiones constantemente. Algunas desciones son visibles, tales como : ventas, marketing, expansión y otras pasan desapercibidas, pero tienen un impacto profundo en la salud del negocio.
Una de ellas es cómo y con qué frecuencia revisamos la empresa.
Lo digo desde la experiencia propia. En mi perfumería VILLARD, me pasa exactamente lo mismo que a muchos emprendedores:
ver las ventas minuto a minuto, revisar cámaras “solo un momento”, sentir ese rush cuando la tienda está llena es emocionante y adictivo.
Y también es peligroso. Yo lo sé y aún así lo hago constantemente. Así como sé que estar en instagram por horas es malo pero aun lo hago. Cosas en las que debo trabajar constatemente.
Y lo digo porque sé que aunque la supervisión constante parece control, muchas veces termina siendo lo contrario: pérdida de perspectiva estratégica.
Revisar el negocio todos los días no es neutro. Genera efectos claros:
Reaccionas emocionalmente a resultados aislados
Tomas decisiones apresuradas por un día malo
Sobreajustas procesos por un día bueno
Transmites ansiedad (aunque no lo digas)
Confundes actividad con desempeño real
Un solo día no representa la salud del negocio en ningún negocio. Y en mi experiencia personal y con miles de emprendedores he visto como un día bueno o un día malo da como resultado decisiones impulsivas como la de abrir o cerrar un día feriado, redoblar pedidos, o poner ofertas, o subir sin estrategia en redes sociales o presionar al personal, solo por mencionar algunas acciones que he tomado y he visto tomar.
Los negocios operan en ciclos semanales, no diarios
El comportamiento del cliente, el tráfico y las ventas no ocurren al azar: son cíclicos. Un lunes lento no es una alarma y un sábado fuerte no es una estrategia. Cuando analizas el negocio por semanas —y no por días— empiezas a ver patrones reales, entiendes qué se repite y puedes distinguir qué fue excepcional. Por eso, un cambio simple pero poderoso es dejar de preguntarte “¿cómo vamos hoy?” y empezar a preguntarte “¿cómo cerramos esta semana versus la anterior?”. Solo ese ajuste mental eleva de forma inmediata la calidad de tus decisiones.
Control sano vs. micromanagement (no son lo mismo)
Muchos emprendedores creen que están ejerciendo control cuando, en realidad, están micromanageando desde la ansiedad.
El control sano se basa en definir métricas claras, observar tendencias, tomar una decisión y luego dejar ejecutar al equipo.
El micromanagement, en cambio, se manifiesta cuando se revisa todo en tiempo real, se cambia de opinión constantemente y se interrumpen procesos que ya estaban funcionando, generando cansancio tanto en el equipo como en quien lidera. Confieso que he pecado de micromanejar y estoy trabajando en crear estrategias con impacto a mediano y largo plazo.
Una forma simple de identificarlo es esta: si tu equipo te pregunta con frecuencia “¿qué versión aplica hoy?”, no tienes control; tienes ruido.
Una vez por semana, la revisión debe ser simple y disciplinada: ventas totales de la semana, los cinco productos que realmente rotaron, el inventario que no se movió, un solo problema prioritario y una decisión clara para la semana siguiente. Nada más. La regla es contundente: si el análisis no termina en una decisión concreta, no se analiza.
Todos los días puedes mirar el negocio, pero no desde el rol estratégico, sino desde el rol de observadora.
El objetivo del chequeo diario no es interpretar ni corregir, sino mantener conciencia operativa básica: cuánto se vendió, qué producto salió más y cómo está la caja. Nada más. No se analizan causas, no se buscan explicaciones y, sobre todo, no se toman decisiones estructurales en caliente.
Si algo se sale de lo normal o genera inquietud, se registra —literalmente se anota— para revisarlo con distancia y contexto en la revisión semanal, que es donde sí corresponde pensar, decidir y ajustar. Ese simple límite protege tu energía y mejora radicalmente la calidad de tus decisiones.
Cuando pasas de revisar todo todos los días a revisar bien una vez por semana:
Bajas el ruido mental
Tomas mejores decisiones
El equipo se siente más estable
Recuperas energía
El negocio se vuelve más predecible
Emprender no se trata solo de trabajar más ni de estar encima de todo todo el tiempo, sino de aprender a pensar mejor.
A veces, el crecimiento no viene de hacer más, sino de intervenir menos y con mayor intención. Revisar el negocio con criterio, ritmo y estructura no es soltar el control, es ejercerlo de verdad. Y cuando empiezas a liderar así, no solo mejora el negocio: también mejora tu forma de liderar.