Desde el año 2012 he tenido el privilegio de trabajar con emprendedoras en distintas capacidades. Todo comenzó cuando me convertí en mentora de Voces Vitales Panamá, donde pude compartir mi experiencia con mujeres que buscaban iniciar o hacer crecer sus negocios.
Ahí me topé con un problema que no esperaba: muchas mujeres no calificaban para entrar al programa porque no tenían un negocio establecido y facturando. Es decir, las que más necesitaban ayuda eran justamente las que se quedaban afuera.
Por eso creé Studio Camelia y desarrollé el curso «Descubre tu Negocio Ideal», una opción en línea para las que todavía no habían dado el primer paso.
Durante años me dediqué a ser mentora de un sinnúmero de emprendedoras. Pero el mercado se saturó de clases y talleres de emprendimiento, y me di cuenta de que el cuello de botella real estaba en otro lado. Fue entonces que me moví hacia finanzas e inversión.
En 2018, junto con mis socias, creamos el movimiento Ella Invierte (ellainvierte.com), con un objetivo concreto: enseñar a las mujeres a crear, crecer y proteger su patrimonio.
Por qué nos movimos del emprendimiento a las finanzas
En Panamá y en América Latina en general hay una falta enorme de educación financiera. El emprendimiento ya estaba ampliamente cubierto; la educación financiera, no. Y sin ella, el negocio que uno monta se cae por razones que nada tienen que ver con la idea.
La educación financiera es mucho más que saber administrar el dinero. Es entender cómo funciona el sistema financiero, cómo tomar decisiones inteligentes sobre el uso de los recursos y cómo planificar para el futuro.
Qué cambia cuando una emprendedora sí la tiene
Con una base financiera sólida, una emprendedora decide con información sobre cómo financiar su negocio, cómo manejar ingresos y gastos, en qué activos invertir y cómo proteger lo que va construyendo.
Eso le permite esquivar los errores que más negocios matan: quedarse sin capital de trabajo, endeudarse por encima de lo que el negocio aguanta, y mezclar las cuentas del negocio con las de la casa.
Hay además un efecto personal que no se mide en un estado de resultados: la confianza. Una mujer que entiende sus números negocia distinto, cobra distinto y se planta distinto frente a un banco.
No es solo para las que emprenden
Gran parte de nuestra comunidad son mujeres profesionales que trabajan en todo tipo de empresas. La educación financiera es igual de crítica para ellas.
El manejo de las finanzas personales define calidad de vida, capacidad de alcanzar metas y seguridad a largo plazo. Y aprender a invertir no solo hace crecer el patrimonio: lo protege de la inflación, que es el impuesto silencioso que todos pagamos.
Por dónde empezar
Si estás pensando en montar tu negocio, o ya tienes uno andando, invierte tiempo en tu educación financiera antes que en cualquier otra cosa. No subestimes lo que cambia una decisión tomada con números a la vista.
Y si lo que te frena es que sientes que no tienes con qué arrancar, escribí un libro justamente sobre eso: Guía para emprender sin dinero: un manual para convertir excusas en negocios exitosos.