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El otro día, escribiendo sobre las emprendedoras que no logran formalizar sus negocios, usé la palabra “informalidad” así de pasada sin profundizar.
Pero me quedé dándole vueltas varios días, porque una cosa es mencionarla y otra muy distinta es sentarse a entender por qué, año tras año, no logramos mejorar estas cifras en Panamá.
Me puse a investigar en Google y les cuento el dato que me hizo escribir este post. Según el INEC, en septiembre de 2025 la informalidad laboral en Panamá llegó a 47.1%, que son unas 785,000 personas trabajando sin contrato, sin cotizar a la Caja y sin derecho a una jubilación digna.
Es, para ser justos, la cifra más baja desde 2020, así que algo se está haciendo bien y hay que decirlo pues » al César lo que es del César» . Pero que casi uno de cada dos trabajadores esté en esa situación me parece que debería preocuparnos más de lo que nos preocupa.
Y explica por qué, con todo y que la economía crece, las contribuciones a la Caja de Seguro Social no suben como uno esperaría. Al final, no importa cuánto le subamos la cuota a los que ya cotizamos si cada vez son menos los que entran a cotizar.
Cuando uno se pone a mirar los números con calma, se da cuenta de que la mayoría de la gente que trabaja en la informalidad no lo hace por «juega vivo» ni por evadir porque sí. Lo hace porque, con lo que produce su negocio, pagar todo lo que exige la formalidad sencillamente no le alcanza. Y aquí es donde el tema se pone interesante.
Claro que hay evasión deliberada y empresas que incumplen aun teniendo capacidad para pagar. Eso existe y tampoco debemos justificarlo. De hecho, el INEC encontró 114,069 empleos informales dentro de empresas del sector formal.
Sin embargo, quiero que pensemos en una fondita, una barbería, una tiendita de barrio o incluso mi propia perfumería que apenas arranca. Después de tantos años trabajando con emprendedores, también he conocido otra realidad: la de personas que quieren hacer las cosas bien, pero cuyo negocio todavía no produce lo suficiente para asumir de golpe todo lo que cuesta la formalidad.
En comercio y servicios, que son los sectores que le dan trabajo a más de la mitad del país (56% del empleo), pasa algo que explica casi todo. Imaginemos que un empleado de esa tiendita genera 100 dólares de ingreso al mes con su trabajo. De esos 100, el puro salario mínimo ya se lleva unos 75. Al dueño le quedan apenas 25 para cubrir el alquiler, la luz, los insumos y todo lo demás. Y todavía falta lo más pesado: para tenerlo formal hay que sumarle encima el aporte a la Caja, el décimo, las vacaciones, la prima de antigüedad… que juntos añaden como un tercio más sobre ese salario. Cuando uno termina de hacer la matemática, ese trabajador cuesta más de lo que produce. No es maldad del dueño; es que la calculadora sencillamente no le da.
Y que el problema es de plata y no de moral se ve en el otro extremo. En la banca o en la industria, donde cada empleado genera muchísimo más (digamos 400 en vez de 100), el mismo salario mínimo apenas representa la cuarta parte de lo que produce. Ahí, aunque le sumes todas las cargas de la formalidad, sigue dando margen de sobra, y por eso casi no hay informalidad: 8.3% en el sector financiero, contra 57% en transporte.
Donde el trabajo rinde mucho, formalizarse casi ni se siente; donde el trabajo rinde poco, formalizarse se vuelve un lujo que muchos no se pueden dar.
Y hay un dato que a mí me parece la médula de todo esto: el 73.5% de los trabajadores panameños está en microempresas de 1 a 10 personas. Negocios muy pequeños, con poco capital, poca tecnología, muchas veces montados con lo que el dueño ahorró de otro empleo, tratando de sobrevivir mes a mes. Son precisamente los que menos aguante tienen para cargar una planilla formal encima.
Así que terminamos con un país partido en dos: un pedazo muy productivo y formal, y una mayoría enorme que sobrevive en la informalidad porque es la única manera en que le cuadra la vida.
La reforma de la Caja del año pasado (la Ley 462) subió el aporte patronal de poco a poco hasta llegar a 15.25% en 2029. Era necesaria, de eso no me cabe duda, porque el fondo de pensiones venía caminando hacia un despeñadero.
Pero salvar las pensiones y meter a más gente al sistema son dos cosas que en este momento se empujan una contra la otra, porque encarecer el empleo formal justo en los sectores donde ya costaba sostenerlo no ayuda a que entren más cotizantes.
No tengo la fórmula para resolver esa tensión, pero prefiero ponerla sobre la mesa antes que hacer como que no existiera. No pretendo tener la única respuesta a semejante interrogante, pero se me ocurre que en la región ya hay procesos y podemos saber lo que funcionay creo que podemos tomar ideas.
Se me ocurre que podríamos empezar por lo básico:
1. Un régimen simplificado de verdad, tipo monotributo. Un solo pago, bajo, que junte el impuesto y la Caja en una sola cuota, pensado para el que vende empanadas, el que arregla aires acondicionados o la señora que tiene su taller de costura. Estoy ahora mismo en Argentina ecsribiendo esto y me cuentan que este páís lo tiene desde 1998, y Uruguay y Brasil lo usan como un puente para que el pequeño dé el salto.
La lógica es sencilla: si formalizarse son diez trámites y cinco pagos distintos, nadie se formaliza; si es una cuota y un clic, muchos lo van a hacer.
2. Que formalizarse abra puertas el mismo día y no lo mande a uno a hacer fila. Una ventanilla única donde, con un solo registro, se active de una vez la exención de impuestos y los demás beneficios, sin ir de institución en institución. El beneficio tiene que llegar hoy, no como promesa de ‘tal vez más adelante.
3. Bajarle el costo de la formalidad al primer empleo. Si ya el dueño se formalizó con el monotributo, el siguiente paso es abaratarle el primer empleado: que una microempresa joven pague el aporte patronal de manera escalonada durante sus primeros años, para que crecer y contratar no se sienta como un castigo.
4. Ayudar a que los pequeños produzcan más y tengan con qué crecer, no solo perseguirlos: acceso a crédito, al fondo de garantía, capacitación y digitalización. Si el negocio rinde más y consigue financiamiento, puede pagar planilla formal, y así atacamos la raíz y no solo el síntoma.
5. Cruzar la información entre la Caja, la DGI y los municipios para sumar cotizantes, no para andar repartiendo multas. La idea es meter gente al sistema, no correrla. NADA me choca más que esa multa de $500 del Municipio de Panamá por no presentar declaración de renta de la DGI. Háblense que para eso está la tecnología.
Llevamos años tratando la informalidad como si fuera un problema de disciplina, como si fuera pura gente que no quiere cumplir. Y cuando uno conoce a estas personas de cerca, como me ha tocado a mí en tantos años de trabajo con emprendedores, se da cuenta de que lo que hay detrás es un montón de gente trabajadora a la que el sistema le hizo la cuenta imposible.
Mientras salir a la formalidad siga siendo más caro y más enredado que quedarse en la sombra, ninguna reforma de pensiones nos va a alcanzar, por más que le sigamos subiendo la cuota a los mismos de siempre.
Panamá tiene gente con muchas ganas de trabajar bien. Lo que nos falta es cambiarle la cuenta para que le convenga hacerlo formal. Y esas cuentas, con voluntad y con cabeza, se pueden cambiar.
Fuentes consultadas
– INEC / Contraloría General — Encuesta de Mercado Laboral (septiembre 2025): informalidad de 47.1%, unas 785,000 personas.
– Análisis del mercado laboral panameño (Dialnet) — relación salario mínimo/productividad por sector (comercio y servicios ~75%; industria y finanzas menos del 25%); 73.5% del empleo en microempresas de 1 a 10; informalidad de 8.3% en el sector financiero frente a 57% en transporte.
– Fábrega Molino / LexLatin — Ley 462 de 2025: aumento gradual del aporte patronal hasta 15.25% en 2029.
– Organización Internacional del Trabajo (OIT) — el monotributo como puente a la formalidad (Argentina 1998, Uruguay, Brasil SIMPLES/SIMEI